Barcelona-Madrid-Barcelona en moto eléctrica

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Los escépticos de la movilidad eléctrica no se cansan de decir que está acotada al entorno urbano. En Electromaps sabemos que la red eléctrica y las carreteras llegan a todas partes, y habiendo vehículos eléctricos diseñados para disfrutar del asfalto, hemos querido demostrar que se equivocan.

Cabe matizar; por muy veloces que sean, las motos no son el transporte idóneo para desplazamientos largos, cuando lo que se busca es llegar en el menor tiempo posible. Si tienes que acudir a una reunión en Madrid y has de volver en el día a Barcelona, no coges el coche, mucho menos una moto. Para eso están los transportes colectivos de alta velocidad como el AVE y en futuro cercano, el Hyperloop.

La razón es simple, en la moto tu cuerpo atraviesa el aire comiéndose -literalmente- los mosquitos y otros objetos en suspensión a lo largo de 600 kilómetros. En motocicletas desprovistas de carenado como nuestra compañera de viaje, la lucha constante contra el viento termina fatigando a cualquiera. Las vibraciones, aunque son mínimas en este caso, también van acumulando cansancio. Por estos motivos, la moto pide hacer paradas frecuentes, descubrir lugares y disfrutar del camino, independientemente de la autonomía que tenga.

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Visto así, no resulta tan escandaloso hacer una parada técnica cada 100 kilómetros, aproximadamente. Los tiempos de carga bien podrían ser más cortos, pero el cargador onboard de la Empulse no absorbe más de 3 kW de la red, por mucho que encuentres una potente toma trifásica. Así que nos lo tomamos con calma y organizamos el viaje en jornadas de unos 300 km/día, haciendo noche a mitad de camino en el Hotel Villa de Utrillas.

Las etapas de 100 km han sido más o menos difíciles en función de la orografía. Malacostumbrados a la abundancia de energía que nos brindan los hidrocarburos, hemos olvidado que no es lo mismo subir que bajar; pero cuando sólo llevas el equivalente a 1 litro de gasolina en el “depósito”, aprendes a administrar la energía de forma eficiente. Lo primero es evitar autopistas para no forzar el ritmo, pues ya sabemos que el consumo se incrementa exponencialmente a más velocidad.

Rodando a 90-100 km/h por carretera de doble sentido se disfruta más que a 120-130 en autopista y se consume mucha menos energía. Total, prisa no había. Es curioso, acostumbrados a viajar en tren a 300 km/h, un tercio de esa velocidad suena a poco. Que se lo digan a los ciclistas, que van “rápido” cuando hacen medias de más de 30 km/h. Lo cierto es que este viaje, estructurado en etapas y con tantas escalas, me hizo recordar los 500 km del camino de Santiago que hice en 10 días, también sobre 2 ruedas.

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“Pero… ¿dónde has recargado?” Fácil, con ese aparatito conectado a Internet y con geolocalización -coloquialmente conocido como teléfono móvil- abres la aplicación de Electromaps y encuentras establecimientos que curiosamente, están provistos de electricidad. “¿Y no necesitas un enchufe especial?” No, hasta donde llegan mis conocimientos, la electricidad es la misma aquí que en China, sólo necesito un enchufe normal y corriente, eso sí, cuya instalación cumpla con el REBT.

Que sí, que lo ideal es un wallbox ‘gromenauer’ con toma Mennekes, protocolo OCPP, conexión Ethernet, identificación RFiD y todos los adornos que le quieran poner al enchufe de toda la vida. Créeme que cuando tienes la batería al 5%, la espalda dolorida, la boca seca y te quedan tropecientos kilómetros para llegar a tu destino, una simple toma de corriente es más que suficiente. Cabe mencionar que una moto como la Brammo se puede recargar en un tiempo razonable (2-3 horas) en un simple Schuko capaz de suministrar 15 amperios continuos.

“Quién paga la fiesta? Bueno hombre, estamos hablando de unos pocos kWh de luz, que a pesar de los abusivos impuestos que nos hacen pagar y aún en el peor de los casos, con la tarifa menos económica, no llegan a costar más que una Coca-Cola en un bar. Nada que no se pueda solucionar con buenas palabras y una propina. Al fin y al cabo, el negocio de un restaurante u hotel no consiste en vender energía, consiste en ofrecer un servicio que satisfaga las necesidades de sus clientes.

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Otra cosa son las electrolineras o estaciones de servicio que invierten en costosas instalaciones de recarga rápida, para ofrecer un ‘surtidor de electricidad‘ a imagen y semejanza de la manguera de combustible. Aquí el modelo de negocio es claro, suministrar energía a usuarios de automóviles, independientemente del tipo de “combustible”. Por ahora, dado que muchas gasolineras nunca han visto un vehículo eléctrico y no están preparadas para ofrecer este servicio, facilitan sus instalaciones a cambio de hacer una consumición en la tienda y no dejando de mirarte como un bicho raro.

Sea como sea, los usuarios de vehículo eléctrico somos conscientes de sus limitaciones, pero también de sus fortalezas, como es precisamente la libertad de encontrar suministro energético en cualquier lugar. Este itinerario de ida y vuelta, que ha totalizado casi 1.300 kilómetros, ha sido posible gracias al parking de Estació del Nord, punto de recarga E-Torres, parking Oques, restaurante Fonda Alcalá, hotel Villa de Utrillas, estación de servicio Molina de Aragón y restaurante Milagros.

Desde Electromaps queremos agradecer también a los usuarios como Raimonete, Iván, Etecnic, Bit-AminaVíctor Bonilla, Javi y ArturoPL por ayudarnos, de una forma u otra, a completar el viaje. Algunos nos han prestado sus tarjetas de abonado a determinados gestores de carga, otros nos han dejado enchufar en su propio wallbox o nos han indicado dónde hacerlo. El que menos, nos ayudará con la difusión de este artículo en sus redes sociales. A todos, ¡muchas gracias por vuestro compromiso!

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En lo que respecta a la motocicleta en sí, se ha comportado de manera exquisita, sin mostrar ningún signo de fatiga al contrario que el conductor. Es cómoda y transmite suficiente confianza como para alejarse cientos de kilómetros de su wallbox vinculado, donde recarga habitualmente por las noches.

Buscando un buen balance entre velocidad y consumo, mi conclusión es que en carretera nacional a ritmo legal, lo ideal es ir en tercera, bajando a segunda ocasionalmente al afrontar un puerto de montaña. En bajada, hay que buscar soltar ligeramente el acelerador hasta encontrar el punto en el que no retiene por acción del freno regenerativo ni tampoco se embala, de este modo aprovechamos la inercia y la gravedad manteniendo una velocidad constante.

En definitiva, ha sido toda una experiencia esta ruta entre dos de las ciudades más importantes de la península ibérica. Queda pendiente visitar Lisboa, pero quedará para otra ocasión. Seguiremos haciendo kilómetros sin gasolina, demostrando con el ejemplo que la movilidad eléctrica es el presente.

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