La ruta voltiopirenaica. Barcelona Andorra en moto eléctrica

El día que cuatro frikis de las motos eléctricas decidimos cargar baterías a tope y subir hacia tierras andorranas, con la esperanza de encontrar enchufes por el camino, queda en nuestra memoria. La gente aún nos dice: pero, ¿os fuisteis hasta Andorra en moto eléctrica? Temperaturas bajas, puertos de montaña, muchos kilómetros de carretera… toda una aventura.

Recarga parcial en plena montaña, cortesía de un amigable señor

Recarga parcial en plena montaña, cortesía de un amigable señor

Autonomía vs. tiempo de recarga, fue la constante de todo el itinerario. Por mucho que planificáramos la ruta con la app de electromaps, en la práctica descubrimos que en la montaña no hay ‘puntos de recarga’. Lo que hay son casitas, posadas, restaurantes… aunque por suerte, la red eléctrica llega incluso al pueblecito más bucólico de los Pirineos: “disculpe, buen hombre, ¿sería tan amable de prestarme un enchufe?” Nunca falla.

En esto tiene experiencia nuestro cabeza de ruta, el veterano Victor Bonilla, que junto a Roger, Jordi y un servidor, conformábamos la cuadrilla voltiopirenaica. Armados de paciencia y humor, fuimos avanzando y ganando metros de altitud, a la par que veíamos bajar –rápidamente– los niveles de energía de nuestras máquinas.

Decepción al encontrar baterías prácticamente vacías y el automático bajado…

La Vectrix de Roger acumula más de 50.000km sin malos humos

Hermosos paisajes y carreteras en desuso sobre un mar de nubes, realmente piden rodar en silencio. Hay que vivirlo para entenderlo y es que fuera de la ciudad, el vehículo eléctrico también tiene sentido. Sobre todo si lo que buscamos es disfrutar del camino, en vez de aterrizar en destino lo antes posible.

La moto, encaja muy bien en esta filosofía. Lejos de viajar aislados en un habitáculo, estamos en contacto con el entorno. Y como estamos más expuestos a los factores externos, tomamos más conciencia de la distancia recorrida, del esfuerzo que supone atravesar montañas. A consecuencia de esto, nos fatigamos antes y hacemos más paradas para descansar.

La Vectrix de Roger acumula más de 50.000km sin malos humos

Decepción al encontrar baterías prácticamente vacías y el automático bajado…

Lo que parece un paso atrás atendiendo al principio básico de la automoción, se convierte en un aliado. La moto accede fácilmente a cualquier toma de corriente y como necesita menos energía, se adapta mejor a la potencia disponible y a los tiempos razonables para tomar un descanso. Es cuestión de cambiar el chip; dos horas en una gasolinera son insoportables, sin embargo dos horas conversando con amigos en una taberna, pasan volando.

Claro que, cuatro motos sedientas de electricidad hacen saltar el termomagnético de cualquier instalación doméstica, por lo que no fue tan fácil como parece. Incluso algún punto de recarga como tal, terminó quedando seco a nuestro paso. En la desesperación, alguno hasta tuvo que pedir misericordia al Señor…

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En esta iglesia de Pas de la Casa, Jordi tomó un par de kilovatios benditos

No se nos había perdido nada en Andorra, sólo que está suficientemente lejos como para considerarlo un viaje y lo bastante cerca como para estar el domingo noche en casa. Ya lo decía Victor; esto de viajar en moto eléctrica tiene algo especial, que engancha. Al punto que ya estamos planeando otra escapada sin gasolina.

 

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